Los Padres del Santo Sínodo Antioqueno, presidido por Su Beatitud JuanX, reanudaron las sesiones de la decimosexta asamblea sinodal en su quinto y último día, durante el cual se abordó la situación general en el Líbano y en la región.
En esta ocasión, estuvieron presentes distinguidos invitados: el Vicepresidente del Parlamento Sr.Elias Bou Saab, y los diputados,Srs. Ghassan Hasbani, Fadi Karam, Georges Atallah, Melhem Khalaf, Adib Abdel Massih, Sajih Attieh y Elias Estephan; además del Presidente de la Universidad de Balamand, el Dr. Elias Warrak.
Durante el encuentro, se celebró una reunión en la que se analizaron la situación general del país y los desafíos que afrontan sus habitantes.
Los participantes destacaron la importancia de fortalecer el diálogo y la cooperación entre las autoridades religiosas y los líderes políticos, de manera que se contribuya al bien común nacional y a consolidar los valores de convivencia y unidad nacional.
Asimismo, subrayaron que la Iglesia Ortodoxa Antioquena, que recibió la fe cristiana directamente de los Apóstoles, ha preservado el depósito de la fe y lo ha transmitido a sus hijos a lo largo de las generaciones;a pesar de las difíciles circunstancias que ha atravesado, y de la dispersión de sus fieles en distintas diócesis por todo el Mundo, la Iglesia ha permanecido como un hogar que reúne y acoge a sus comunidades; y como un puente de comunicación entre ellas y su entorno.
Los participantes también abordaron la cuestión de la presencia cristiana, que continúa afrontando grandes desafíos en el Líbano, Siria, Palestina, Irak, Jordania y el resto de la región.
Señalaron que estos riesgos no se limitan a la seguridad militar, sino que también abarcan la seguridad social, política y económica; especialmente en lo relativo a garantizar el sustento diario y preservar la dignidad humana, sobre todo en medio de las guerras y las crisis que sacuden a los países de la región.
Reafirmaron la necesidad de adherirse a una identidad nacional inclusiva que una a los ciudadanos y de alejarse de los conflictos políticos que los dividen; consideraron que la identidad nacional constituye una expresión de pertenencia, fidelidad y responsabilidad compartida ante Dios, la patria y el ser humano.
En cuanto a la situación del Líbano, los participantes valoraron este encuentro con Su Beatitud y los Padres del Santo Sínodo, y agradecieron a Su Beatitud este gesto, que se repite periódicamente y que refleja el compromiso con el servicio a la Iglesia Ortodoxa y su misión.
Destacaron también el papel de la Iglesia Antioquena en el fortalecimiento de las relaciones de fraternidad y cooperación con los hermanos cristianos y musulmanes en el Líbano.
Asimismo, insistieron en la necesidad de hacer frente a la violencia en todas sus formas y de que las armas estén exclusivamente en manos del Estado. También reclamaron una justicia imparcial e independiente, capaz de garantizar la seguridad, la paz y la justicia para todos los ciudadanos, así como de proteger sus derechos y dignidad.
Los participantes señalaron los numerosos desafíos y las profundas transformaciones que atraviesan la región y el Mundo. Advirtieron sobre la debilidad del Estado de Derecho frente a la lógica de la violencia, el predominio de la ley de la selva sobre los principios constitucionales y el retroceso de los valores tradicionales ante nuevas formas de comportamiento.
A ello, se suman la continua emigración de familias, jóvenes y profesionales cualificados; así como el descenso de las tasas de natalidad; y consideraron que estos desafíos exigen elaborar una visión unificada, que reúna a los miembros de la Iglesia y a los ciudadanos, preserve su presencia y su papel, y siente las bases para un futuro más estable.
Todos los participantes hicieron un llamamiento para que la Iglesia siga desempeñando su papel espiritual y nacional como espacio de unión para sus hijos; promoviendo la construcción de la ciudadanía a la que se aspira. Asimismo, reafirmaron su apoyo permanente, junto con todos los fieles a las posiciones eclesiásticas y nacionales de Su Beatitud.
Al concluir las sesiones de esta asamblea sinodal, los Padres del Santo Sínodo elevaron sus oraciones por todos sus hijos, tanto en la patria como en los países de la diáspora, deseándoles salud y larga vida.
Junto con ellos, elevaron sus súplicas al Señor Dios para que visite a su Mundo con el dulce espíritu de su paz y deposite su consuelo en los corazones de los afligidos y agotados, porque de Él procede toda dádiva buena, toda bendición y todo consuelo.
